martes, abril 13, 2010

Un fanático del periodismo

Poroto Arballo se murió a los 85 años. Hago esto no sé si en su honor, o en el respeto por su familia. Pero quiero decir algunas cosas de Raúl Isidoro Arballo (su nombre completo) en los casi 10 años que lo conocí. Él, como periodista de La Reforma; yo, como periodista de El Diario.

Muchas veces he dicho: ¿Qué tiene que hacer Poroto, a la 1 de la mañana, cubriendo un festival de boxeo? Si ya está hecho, ¿por qué no se queda en su casa? O en el automovilismo, cuando los autos llegaron a pasarle muy cerca por donde caminaba, llegué a preguntarme ¿con qué necesidad se arriesga este tipo para publicar dos líneas en un diario?

Muchas veces me han faltado datos del fútbol que se jugaba, por ejemplo, en Villa Iris, o en Jacinto Arauz. Y en esta manera doméstica de hacer periodismo nos comunicábamos con frecuencia, sobre todo los domingos. Llegábamos, en esos casos, al mismo fin: publicar la información.

Hablo de cómo funcionaba Poroto en La Reforma y muchas veces he supuesto que era una especie de esclavo. Me dijeron que le ofrecieron la jubilación, el retiro, pero él se negaba terminantemente a dejar de escribir noticias e informaciones. Hoy su hijo Gustavo me contó: “Papá estaba bien en el trabajo, se sentía bien y se sentía útil. Y si eso le hacía bien a él, estábamos bien nosotros, mamá y yo”.

Tomé a Poroto como una referencia ejemplar. Si con 75 años él conseguía un resultado de bochas y en esos casos yo renegaba por el escaso impacto periodístico que podía tener justamente un partido de bochas, en el fin del análisis me sentía derrotado. Con esos actos empecé a razonar de otra manera: si Poroto lo hace, yo, a los 25 años, tengo que hacerlo, mejor dicho, debo hacerlo.
Trabajó hasta 2007, es decir hasta los 82 pirulos. ¡Madre mía!
Después de tantas preguntas que me he hecho llegué a una conclusión: Poroto fue un fanático del periodismo.

Lo escribió Juan Manuel.

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